Es curioso como a veces en la vida se cometen tales tonterías.
Los enamorados lo llaman locura,
los ricos, caprichos,
los pobres, necesidad... y
los demás lo llaman "gilipolleces".
Estaba anoche después de una árdua sesión de gimnasio viendo la televisión un rato antes de irme a la cama, cuando por la puerta entra mi madre pegando voces (como siempre), a lo que contesto con un "shhhhhhhh, que no oigo nada". La pobre se me enfila justo delante del televisor y empieza a contarme algo a lo que no presto mucha atención en un principio, hasta que escuché la palabra robo.
Resulta que mi madre y sus amigas se salen con la fresquita a "marujear" un rato cada noche. Y estando tan plácidas de repente mi madre ve que un chaval se agacha en lugar poco común, se queda parado, mira a mi madre, coge el bolso de una señora que estaba sentada a su lado y sale corriendo.
La mejor estampa llega cuando 2 de ellas salen corriendo tras el muchacho y, al no conseguirle darle caza, se encuentran con un hombre que, curiosamente, lo ha visto todo, y les dice dato por dato quien era el muchacho del robo.
Acto seguido llaman a la policía local y llega ipsofacta. Toma las señas y los datos y en 5 minutos estaba el muchacho en el cuartelillo.
Según la versión del chaval, "Yo sólo quería un cigarrillo".
A todo ésto llega la madre del menor y al enterarse de lo ocurrido le dice a su hijo: "¿Pero tú eres tonto? Si quieres un cigarrillo lo pides o te lo compras, no robarlo
".
No se en qué habrá acabado todo aquello y poco me interesa, ya que nada más ver como una persona, sin necesidad alguna aparente, se convierte por unos instantes en delincuente por tal miseria, me produce indiferencia por tales locuras ilógicas.
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